Óscar Arriola deja la jefatura de la PNP: presión por la inseguridad, cuestionamientos y un relevo que ya tiene nombre

Después de casi un año al frente de la Policía Nacional, el general Óscar Arriola Delgado anunció que solicitará su pase al retiro y dejará la Comandancia General de la PNP, en medio de una creciente presión política por la inseguridad ciudadana y los resultados de la institución frente al crimen organizado.

El anuncio se realizó en Palacio de Gobierno junto al premier Luis Galarreta, el ministro del Interior, César Astudillo, y el teniente general Fredy López Mendoza, quien ha sido anunciado por el Ejecutivo como su próximo reemplazante.

“Me voy con la conciencia limpia”

Arriola sostuvo que su decisión busca preservar la gobernabilidad y la institucionalidad del país. En su despedida aseguró que se marcha “con la conciencia absolutamente limpia” y agradeció a la presidenta Keiko Fujimori y a los diferentes gobiernos bajo los que ejerció funciones.

El general había asumido la Comandancia General el 30 de septiembre de 2025, durante el gobierno de Dina Boluarte, y permaneció 342 días en el puesto.

Pero detrás de la explicación institucional existe también un contexto político mucho más complicado.

Semanas de presión sobre Arriola

Durante las últimas semanas aumentaron los pedidos desde diferentes bancadas para que Arriola abandonara el cargo. Las críticas apuntaban principalmente a la escalada de extorsiones, sicariato y ataques vinculados al crimen organizado, así como a la percepción de falta de resultados suficientes de la Policía.

Renovación Popular y Ahora Nación pidieron públicamente su salida y en el Congreso llegaron a presentarse tres proyectos de ley para modificar las reglas que dificultaban remover anticipadamente al comandante general de la PNP.

La situación era especialmente particular porque la legislación vigente protege un periodo determinado para la jefatura policial y limita las causales para retirar al comandante general. En ese escenario, el pase al retiro solicitado por el propio Arriola permite realizar el cambio sin esperar una modificación legal.

El caso de Trujillo elevó la presión

Uno de los episodios que volvió a colocar a la Policía bajo fuerte escrutinio fue el secuestro del empresario Jens Marty Lara Tantaquilla en Trujillo.

Delincuentes vestidos como policías interceptaron su vehículo, asesinaron a cuatro de sus acompañantes y se llevaron al empresario. Aunque Lara fue posteriormente liberado y la Policía realizó diversas capturas, la violencia y planificación del ataque provocaron nuevos cuestionamientos sobre la capacidad de respuesta frente al crimen organizado.

El caso se sumó a una coyuntura marcada por extorsiones, asesinatos y organizaciones criminales que operan incluso desde otros países.

Keiko tampoco le había dado un respaldo directo

Días antes de conocerse la salida, la permanencia de Arriola ya parecía incierta dentro del propio Ejecutivo.

Consultada sobre si respaldaba personalmente al jefe policial, Keiko Fujimori evitó otorgarle un apoyo directo y sostuvo que su desempeño debía ser evaluado por el ministro del Interior.

César Astudillo fue incluso más explícito: señaló que sus declaraciones no constituían un respaldo y afirmó que “todos estamos en evaluación”.

La señal política era clara: Arriola seguía legalmente en funciones, pero su continuidad había dejado de estar garantizada.

¿Fue realmente una renuncia voluntaria?

Oficialmente, Arriola decidió solicitar su pase al retiro por razones de institucionalidad.

Sin embargo, una investigación publicada este lunes por El Comercio sostiene, citando fuentes cercanas al proceso, que antes del anuncio existieron varias y prolongadas conversaciones sobre su continuidad, con tensión alrededor de su desempeño.

Según esas fuentes, el proceso terminó con la decisión de que el propio general presentara su salida. Por ello, políticamente puede interpretarse como una renuncia producida después de negociaciones con el Ejecutivo, aunque esa versión no ha sido presentada oficialmente por el Gobierno como un pedido de renuncia.

¿Quién es Fredy López Mendoza?

El relevo también está definido.

El teniente general Fredy López Mendoza, hasta ahora jefe del Estado Mayor General de la PNP, será el nuevo comandante general.

López pertenece a la promoción policial de 1990 y cuenta con más de tres décadas de servicio. Ha ocupado cargos en investigación criminal, lucha contra la corrupción y conducción operativa. Fue director de la Dirección Contra la Corrupción, tuvo responsabilidades en la Dirección Nacional de Investigación Criminal y dirigió la Macro Región Policial de Madre de Dios.

También estuvo al frente de la División de Orden Público y Seguridad de Trujillo y cuenta con una maestría en Gobierno y Políticas Públicas por la PUCP. Desde enero de 2026 ejercía como jefe del Estado Mayor General, por lo que su ascenso respeta la línea de sucesión dentro de la institución.

El reto que recibe: recuperar la confianza

Fredy López asumirá una Policía sometida a una enorme presión.

El nuevo jefe ya adelantó que buscará articular el trabajo entre la PNP, Poder Judicial, Ministerio Público y otras autoridades para devolver tranquilidad a la población.

El Gobierno, por su parte, anunció que presentará nuevas estrategias y fortalecerá las capacidades operativas, tecnológicas y logísticas de la Policía.

La salida de Arriola cierra así una etapa marcada por golpes importantes contra organizaciones criminales, pero también por fuertes cuestionamientos sobre la capacidad de la institución para contener la violencia.

Ahora el desafío pasa a Fredy López.

Cambió el comandante, pero la exigencia sigue siendo la misma: demostrar en las calles que el cambio en la cúpula también puede traducirse en mayor seguridad para los ciudadanos.