¿Hasta cuándo vamos a permitir la discriminación? El caso de Eduardo Capuñay reabre el debate sobre el respeto a los niños con autismo

Una disculpa puede reconocer un error, pero no borra el daño ni reemplaza la responsabilidad. Ningún niño debe convertirse en blanco de insultos por su condición, mucho menos en medio de una pelea entre adultos.
¿Cuántas veces más tendremos que escuchar que la condición de un niño sea utilizada para humillar a una madre o atacar a una familia? La polémica que involucra a Eduardo Capuñay Quispe, administrador de Radio Exitosa, ha puesto nuevamente sobre la mesa una realidad que muchas familias viven en silencio: los prejuicios contra las personas autistas y con discapacidad siguen presentes en nuestra sociedad.
Una discusión entre adultos terminó involucrando a un niño
El caso se hizo público tras difundirse un video de una discusión familiar registrada el 23 de octubre. En las imágenes, Capuñay utiliza expresiones ofensivas al referirse a su sobrino menor de edad y relaciona su condición con un supuesto castigo divino. La confrontación se habría producido en medio de desacuerdos entre integrantes de la familia por asuntos empresariales.
Después de la difusión de la grabación, Eduardo Capuñay publicó un comunicado en el que pidió disculpas y reconoció que su reacción fue desproporcionada. Sin embargo, el episodio generó rechazo y reavivó el debate sobre los límites que nunca deberían cruzarse, incluso durante una discusión acalorada.
Porque ningún problema comercial, familiar o personal justifica utilizar la condición de un niño para herir a otra persona. Los menores no son responsables de los conflictos de los adultos y no deben ser convertidos en armas para atacar a sus propios familiares.
Una disculpa no puede ser el punto final
Pedir perdón es un primer paso para reconocer que se cometió un error. Pero, cuando se trata de expresiones que estigmatizan una condición humana, también es necesario comprender por qué esas palabras hacen daño y qué se hará para evitar que vuelvan a repetirse.
La pregunta no es solamente si hubo una disculpa. La pregunta es si estamos dispuestos a dejar de normalizar insultos que presentan el autismo o la discapacidad como una desgracia, una vergüenza o un castigo.
Los niños con autismo no son un castigo. No son una burla. No son motivo de vergüenza. Son niños con dignidad, derechos, sentimientos y un lugar legítimo en nuestra sociedad. Su condición no disminuye su valor ni autoriza a nadie a tratarlos como inferiores.
Y esto no se aplica únicamente a una persona conocida o a un caso que se vuelve viral. También ocurre cuando un estudiante es objeto de burlas, cuando una familia escucha comentarios hirientes en la calle o cuando alguien utiliza palabras discriminatorias como si fueran bromas sin importancia.
Defender a estos niños es una responsabilidad de todos
En el Perú, la Ley General de la Persona con Discapacidad, Ley N.° 29973, reconoce el derecho a la igualdad y a no ser discriminado por motivos de discapacidad. No se trata de un favor ni de una concesión: el respeto y la inclusión forman parte de los derechos que deben garantizarse.
Por eso, la defensa de los niños autistas y de sus familias no puede limitarse a publicar mensajes de indignación cuando un video se vuelve tendencia. También exige educar, corregir prejuicios, rechazar el lenguaje ofensivo y apoyar a quienes enfrentan situaciones de discriminación.
Las figuras públicas y las personas con responsabilidades empresariales tienen, además, una especial oportunidad para mostrar que reconocer un error implica asumirlo con seriedad. La relevancia pública de una persona no la coloca por encima del respeto que merece cualquier niño.
¿Hasta cuándo? Que la indignación se convierta en respeto
La historia no debería terminar cuando las redes sociales dejan de hablar del tema. Si algo debe quedar de este caso es un mensaje claro: ninguna condición debe utilizarse para humillar, y ningún niño debería cargar con las consecuencias de los conflictos de los adultos.
Una disculpa puede ser necesaria, pero el cambio también debe verse en las actitudes, en las palabras y en la manera de tratar a los demás. La sociedad tiene derecho a exigir responsabilidad y a pedir que estos hechos se evalúen por las vías correspondientes, sin reemplazar las investigaciones ni anticipar conclusiones legales.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que los niños con autismo y discapacidad sean blanco de prejuicios? Defenderlos empieza por no guardar silencio ante la discriminación, pero también por hablar de ellos con respeto, proteger su dignidad y recordar que merecen las mismas oportunidades, consideración y afecto que cualquier otro niño.
Porque ningún menor debería tener que demostrar que merece respeto. Ese respeto le corresponde desde el primer día.
Fuentes consultadas:
- Perú21: Video y denuncia presentada por Evelynn Capuñay.
- Infobae Perú: Eduardo Capuñay ofrece disculpas públicas.
- CONADIS: Llamado a rechazar términos discriminatorios contra personas con discapacidad.
- Congreso de la República: Ley General de la Persona con Discapacidad, Ley N.° 29973.








