¿Buen Inicio del año escolar 2026, en un sistema educativo sin políticas regionales?

La crisis de la educación peruana no solo se explica por los bajos niveles de aprendizaje o las brechas sociales, sino también por las limitaciones del proceso de descentralización educativa implementado desde inicios del siglo XXI. Si bien el Estado peruano estableció un marco legal para descentralizar la gestión educativa —mediante la Ley de Bases de la Descentralización N.º 27783 (2002), la Ley Orgánica de Gobiernos Regionales N.º 27867 (2002) y la Ley General de Educación N.º 28044 (2003)— en la práctica el sistema continúa funcionando bajo una lógica centralista. El Ministerio de Educación mantiene el control de las decisiones pedagógicas, curriculares y normativas, mientras que los gobiernos regionales asumen principalmente funciones administrativas, lo que evidencia una descentralización aún limitada.
En este contexto, las Direcciones Regionales de Educación (DRE) y las Unidades de Gestión Educativa Local (UGEL) han terminado operando principalmente como instancias de ejecución normativa más que como espacios de planificación educativa territorial. Aunque la Ley General de Educación establece que la gestión educativa debe ser descentralizada, participativa y orientada al desarrollo regional, muchas DRE y UGEL carecen de políticas educativas regionales o locales propias, limitándose a implementar lineamientos definidos desde el nivel central. Esta situación reduce la capacidad de adaptación del sistema educativo a la diversidad cultural, lingüística y socioeconómica del país.
Como consecuencia, el trabajo pedagógico en las instituciones educativas suele desarrollarse de manera descontextualizada, replicando programas y orientaciones diseñados para realidades distintas. Ello contradice el principio de pertinencia y diversidad educativa establecido en la Ley General de Educación, que reconoce la necesidad de adecuar la educación a las características sociales y culturales de cada región. Mientras no se fortalezca la autonomía técnica y la capacidad de planificación educativa de las DRE y UGEL, la descentralización seguirá siendo más formal que real, manteniendo un modelo centralista que limita la innovación pedagógica y contribuye a la crisis estructural de la educación peruana.