Chats complican a Catherin Palomino: trabajadores coordinaban pagar cuadros, alimentos y hasta un retrato de la propia diputada

El nuevo Congreso bicameral todavía no cumple dos meses de funcionamiento y ya enfrenta una controversia por el uso del dinero de trabajadores parlamentarios.

La diputada Catherin Palomino Casavilca, representante de Huancavelica por Juntos por el Perú, quedó bajo cuestionamiento después de que una investigación periodística revelara conversaciones internas de integrantes de su despacho que coordinaban utilizar parte de sus remuneraciones para cubrir diferentes gastos relacionados con la oficina de la parlamentaria.

La investigación fue publicada por El Foco, medio que accedió a conversaciones de WhatsApp y verificó, mediante los números telefónicos, la identidad de cuatro trabajadores que participaban en ellas.

El nombre del grupo resulta particularmente revelador: “Ayudas y gastos – despacho”.

Aportes “proporcionales” a los sueldos

Según las conversaciones difundidas, una de las trabajadoras informó al resto del equipo que estaba pendiente solucionar la compra de tres cuadros solicitados para el despacho.

Para conseguirlos pidió el apoyo de los trabajadores y señaló que la contribución debía realizarse de manera proporcional a lo que cada uno percibía mensualmente.

Otro integrante respondió posteriormente que debían solucionar aquello que había indicado la diputada.

Los chats también contienen coordinaciones sobre tarjetas de presentación, alimentos, bebidas y otros elementos destinados a actividades vinculadas al despacho.

Entre los encargos mencionados aparecen la compra de charqui y bebidas, además de un madero o mural.

Los mensajes difundidos, sin embargo, no muestran a Palomino escribiendo directamente en ese grupo una orden para que sus empleados pagaran los productos con sus remuneraciones.

Ese punto resulta importante porque constituye precisamente una de las bases de la defensa de la parlamentaria.

Túpac Amaru, Mariátegui… y la propia Catherin Palomino

Uno de los detalles más llamativos de toda la controversia está relacionado con los cuadros.

Palomino reconoció que quería colocar tres imágenes en su oficina: una de Túpac Amaru, otra de José Carlos Mariátegui y una tercera de ella misma.

Los chats muestran además coordinaciones para obtener otros cuadros destinados a Huancavelica.

La polémica, por tanto, no está en que una parlamentaria quiera decorar su despacho, sino en determinar quién iba a terminar pagando esos gastos.

Y allí aparecen las conversaciones de sus propios trabajadores hablando de contribuciones provenientes de sus remuneraciones.

Palomino lo niega: “Jamás, nunca”

La diputada rechaza la acusación.

Consultada por El Foco, aseguró que jamás pidió a sus trabajadores asumir esos gastos y afirmó que desconocía incluso la existencia del grupo de WhatsApp.

Según su explicación, únicamente solicitó a una trabajadora que buscara cotizaciones para conocer cuánto costarían los cuadros.

Palomino sostuvo que posteriormente ella realizaría el pago.

También negó haber pedido que los trabajadores financiaran los alimentos utilizados durante sus actividades en Huancavelica.

La parlamentaria señaló que, después de ser contactada por el medio que realizó la investigación, habló con una de sus colaboradoras para pedir explicaciones sobre las coordinaciones realizadas en el grupo.

De esta manera, existen actualmente dos elementos que deberán contrastarse: por un lado, los chats donde trabajadores hablan de aportes proporcionales a sus remuneraciones y de solucionar pedidos atribuidos a la diputada; por otro, la versión de Palomino, quien niega haber ordenado que utilizaran su dinero.

El caso genera incomodidad dentro de Juntos por el Perú

La controversia ya produjo una reacción dentro de la propia agrupación política de Palomino.

El diputado Marino Lavado, también integrante de Juntos por el Perú, sostuvo que deberían activarse los mecanismos internos del partido para analizar lo ocurrido.

Lavado consideró que el caso tendría que ser abordado por una comisión de ética de la organización.

La reacción resulta políticamente significativa porque no se trata de una crítica proveniente de una bancada adversaria, sino de un integrante de la misma agrupación parlamentaria.

Ahora corresponderá determinar qué posición adopta oficialmente Juntos por el Perú frente a las conversaciones difundidas.

Un caso especialmente incómodo para quien preside Justicia

Existe además un componente político que aumenta el impacto del caso.

Catherin Palomino no es únicamente una integrante más de la Cámara de Diputados.

Actualmente preside la Comisión de Justicia y Derechos Humanos, uno de los grupos parlamentarios encargados de debatir asuntos directamente relacionados con la legislación, el sistema de justicia y las instituciones del Estado.

Por ello, las explicaciones de la parlamentaria adquieren una relevancia adicional.

El punto central será establecer si existió realmente una instrucción para que trabajadores pagaran gastos relacionados con su despacho o si, como sostiene Palomino, sus colaboradores organizaron esos aportes sin que ella tuviera conocimiento.

¿Quién paga los gustos de un parlamentario?

Más allá de este caso particular, la controversia vuelve a colocar sobre la mesa una cuestión recurrente dentro del Congreso peruano.

Un trabajador parlamentario recibe una remuneración del Estado para cumplir determinadas funciones. Su sueldo no debería convertirse en una caja disponible para cubrir necesidades, actividades o preferencias personales de la autoridad para la que trabaja.

Y precisamente por eso resulta tan peculiar la escena que dejan los chats conocidos hasta ahora.

Mientras Palomino asegura que solamente pidió cotizaciones y que pensaba pagar personalmente los cuadros, sus trabajadores discutían en un grupo denominado “Ayudas y gastos – despacho” cuánto debía aportar cada uno según su salario.

Y entre aquello que había que conseguir estaba nada menos que un retrato de la propia diputada.

Será necesario establecer si hubo una exigencia, quién decidió que los empleados debían contribuir y si finalmente esos pagos llegaron a realizarse.

Pero políticamente la pregunta ya está planteada: ¿por qué trabajadores del Congreso estaban organizándose para sacar dinero de sus bolsillos para atender pedidos vinculados al despacho de una parlamentaria?

Catherin Palomino dice que ella nunca se los pidió.

Los chats difundidos muestran que, dentro de su equipo, alguien entendió algo muy diferente.