EL 4 DE OCTUBRE: ¡QUE LAS URNAS SEPULTEN EL OPORTUNISMO, EL DINERO Y LA DEMAGOGIA!

El 4 de octubre, los peruanos tendrán mucho más que una elección: tendrán la responsabilidad de decidir quiénes administrarán los recursos y el futuro de sus regiones y municipios. Y el escenario preocupa: candidatos que saltan de una agrupación a otra buscando la camiseta que mejor les convenga, discursos acomodados según el público y proyectos que aparecen de pronto como si gobernar fuera cuestión de improvisar. La política no puede convertirse en una feria de candidaturas donde las convicciones se alquilan y los colores partidarios se cambian según la oportunidad. El elector tiene derecho a preguntar: ¿cuál ha sido la trayectoria de quien pide nuestro voto?, ¿qué principios ha defendido?, ¿qué ha hecho realmente por la población?

Pero hay algo todavía más preocupante: cuando el dinero comienza a hablar más fuerte que las ideas. Campañas ostentosas, movilizaciones, publicidad, eventos y despliegues económicos capaces de multiplicar la presencia de un candidato pueden terminar ocultando la verdadera pregunta: ¿qué proyecto tiene para gobernar? El problema no es gastar en una campaña; el problema aparece cuando la billetera pretende reemplazar la propuesta y comprar adhesiones. Por eso, detrás de cada campaña millonaria, el ciudadano debería preguntarse quién financia, cuánto se está gastando y qué intereses podrían estar detrás de semejante despliegue. Porque una gigantografía puede hacer visible a un candidato, pero no demuestra que sepa gobernar.

Y finalmente está la demagogia: prometerlo todo sin explicar cómo se hará realidad. Obras, empleos, seguridad, carreteras, hospitales y soluciones inmediatas para problemas que llevan décadas esperando respuestas. Sin presupuesto, sin cronograma, sin competencias claras y sin equipos capaces, muchas promesas no pasan de ser mercancía electoral. Por eso, el 4 de octubre el ciudadano tiene una herramienta poderosa: su voto informado. No se trata de perseguir ni “aniquilar” personas, sino de impedir democráticamente que el oportunismo, el dinero y la improvisación sean premiados con el poder. Ese día no deberían ganar las mejores campañas; deberían prevalecer las decisiones ciudadanas tomadas con memoria, información y criterio.