¡Maestros del Perú: hoy sobreviven con pensiones de miseria!

Cada 6 de julio el Perú celebra el Día del Maestro con discursos, homenajes y reconocimientos. Sin embargo, detrás de esa imagen de gratitud se esconde una realidad que avergüenza al país: miles de docentes jubilados sobreviven con pensiones que, en muchos casos, apenas fluctúan entre los 700 y 900 soles, montos insuficientes para cubrir la alimentación, los medicamentos y demás necesidades básicas. Esta situación no solo contradice el principio de dignidad de la persona, consagrado en el artículo 1 de la Constitución Política del Perú, sino también el derecho a la seguridad social reconocido en sus artículos 10 y 11, que obligan al Estado a garantizar una protección efectiva frente a las contingencias de la vejez. La gratitud hacia el maestro no puede limitarse a un diploma o una medalla; debe traducirse en condiciones de vida dignas.


La aprobación de la Ley N.° 32581, que reconoce una pensión equivalente a la Remuneración Íntegra Mensual (RIM) de la primera escala magisterial para los docentes comprendidos en los regímenes previstos por la ley, constituye un avance importante en la reivindicación de este derecho. La propia norma establece como finalidad garantizar una pensión adecuada que permita a los maestros jubilados mantener un nivel de vida decente. Sin embargo, mientras la reglamentación y la implementación efectiva continúen pendientes, miles de docentes seguirán esperando que esa promesa se convierta en una realidad. El gobierno que asumirá funciones este 28 de julio tiene la responsabilidad histórica de hacer viable esta ley con responsabilidad fiscal, pero también con profundo sentido de justicia social.


Este Día del Maestro debe convertirse en un llamado de conciencia para toda la nación. Ningún país que aspire al desarrollo puede permitir que quienes formaron a sus médicos, ingenieros, jueces, empresarios y gobernantes enfrenten la vejez en condiciones de precariedad. El mejor homenaje no será un aplauso ni una ceremonia oficial, sino la decisión política de garantizar una jubilación digna para quienes dedicaron toda una vida a la educación. El Perú tiene una deuda histórica con sus maestros cesantes, y el nuevo gobierno posee la oportunidad de comenzar a saldarla. Porque los maestros no piden privilegios; exigen el respeto de un derecho que la Constitución reconoce y que la sociedad les debe desde hace décadas.