Pisa Nos Pasa La Factura: ¿La Censura De Saavedra Fue El Punto De Quiebre Que Hundió La Educación Peruana?

Los resultados de PISA 2025 acaban de encender una alarma que el Perú ya no puede seguir ignorando: matemática y lectura se desplomaron, mientras la ciencia permanece prácticamente estancada. Pero esta tragedia educativa no comenzó ayer. Hay que mirar hacia atrás, hasta diciembre de 2016, cuando la mayoría parlamentaria de Fuerza Popular, encabezada por Keiko Fujimori, sacó del Ministerio de Educación a Jaime Saavedra, un técnico que había sido ministro durante los gobiernos de Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski y cuya gestión había impulsado la meritocracia docente, la Jornada Escolar Completa y la reforma universitaria.

El propio Banco Mundial reconoce hoy sus aportes a la transformación educativa peruana. ¿Fue aquella censura el momento en que el Perú comenzó a perder el rumbo? La pregunta resulta incómoda, pero los resultados actuales obligan a formularla.
Porque Saavedra no salió del cargo tras una condena por corrupción. Fue censurado políticamente en un escenario de feroz enfrentamiento entre el Congreso dominado por Fuerza Popular y el Ejecutivo de PPK. Se invocaron irregularidades administrativas y cuestionamientos de gestión, pero incluso durante el debate parlamentario se dejó claro que no se le estaba atribuyendo responsabilidad penal. Después de su salida, el Perú atravesó una sucesión de gobiernos, ministros, crisis y virajes educativos que no lograron consolidar una auténtica política de Estado.

Mientras tanto, el funcionario que en el Perú fue políticamente expulsado terminó ascendiendo en el Banco Mundial hasta convertirse en Director de Desarrollo Humano para América Latina y el Caribe. La paradoja es brutal: mientras aquí se cuestionaba su capacidad, una de las principales instituciones internacionales de desarrollo continuó confiándole responsabilidades cada vez mayores. Y mientras Saavedra avanzaba en su carrera internacional, la educación peruana perdía continuidad, dirección y capacidad para sostener las mejoras alcanzadas.


Hoy PISA nos pasa la factura. No podemos afirmar seriamente que una sola censura explique por sí misma el desastre educativo actual; sería intelectualmente irresponsable. Pero tampoco podemos fingir que aquella decisión fue irrelevante. Si en 2015 el Perú había logrado avances importantes en las evaluaciones internacionales y una reforma educativa estaba en marcha, ¿por qué no se consolidó esa ruta? ¿Por qué la educación terminó convertida tantas veces en terreno de disputa política, improvisación y cálculo coyuntural? La verdadera tragedia no es solamente haber perdido puntos en PISA: es haber desperdiciado años decisivos para construir una educación capaz de sacar al Perú del atraso. Y si quienes tomaron decisiones políticas en 2016 contribuyeron a quebrar aquella continuidad, entonces también deben asumir su cuota de responsabilidad histórica. Porque los puntos que hoy perdemos en PISA no son simples números: son miles de jóvenes que están llegando al futuro con menos herramientas para enfrentarlo.