Segunda vuelta presidencial: cuando el miedo reemplaza al debate

En el Perú actual, el debate político parece haberse reducido a una confrontación de etiquetas. En lugar de discutir cómo mejorar..

En el Perú actual, el debate político parece haberse reducido a una confrontación de etiquetas. En lugar de discutir cómo mejorar salarios, reducir la informalidad o generar oportunidades reales para los jóvenes, muchos sectores prefieren desacreditar cualquier crítica calificándola de “radical” o “antisistema”. Así, la política deja de centrarse en soluciones concretas y se convierte en una competencia de miedo, donde importa más atacar al adversario que resolver los problemas cotidianos de la población.

La coyuntura electoral profundiza aún más este escenario. La próxima segunda vuelta presidencial encuentra a un país cansado de la polarización, desconfiado de sus instituciones y dividido entre discursos cada vez más agresivos. Diversos análisis coinciden en que el Perú llega a este proceso marcado por la fragmentación política, la desinformación y el desencanto ciudadano.  Mientras tanto, millones de peruanos siguen comprobando que, fuera del país, incluso trabajos modestos pueden ofrecer estabilidad y capacidad de progreso que aquí parecen inalcanzables. Esa comparación incómoda revela una verdad que muchos discursos políticos intentan ocultar: el problema no es la falta de esfuerzo de la gente, sino la incapacidad del sistema para recompensarlo dignamente.

Lo más preocupante es que el Perú parece acercarse nuevamente a una elección definida más por el rechazo que por la esperanza. La segunda vuelta no solo decidirá quién gobernará el país, sino también qué tipo de democracia construiremos en los próximos años: una basada en el miedo, la confrontación y las etiquetas, o una capaz de debatir sus problemas con madurez y sentido crítico. Porque cuando una sociedad comienza a ver toda crítica como una amenaza, termina perdiendo algo mucho más grave que una elección: pierde la capacidad de corregirse a sí misma.