Perú al filo del colapso democrático


El Perú avanza hacia una crisis estructural marcada por la captura del poder político por grupos de hegemonía económica. El sondeo del 12 de abril confirma una percepción creciente: el Estado ha dejado de responder al interés ciudadano y actúa alineado con élites que condicionan decisiones clave. La clase política, lejos de representar a la población, opera como un engranaje funcional a estos intereses, debilitando la institucionalidad y vaciando de contenido la democracia.
Este proceso se sostiene mediante un control eficaz del discurso público. El “terruqueo” se ha convertido en una herramienta sistemática para deslegitimar cualquier propuesta de cambio, bloqueando el debate antes de que ocurra. A ello se suma la influencia de sectores mediáticos que distorsionan la realidad y refuerzan una narrativa donde el modelo vigente aparece como incuestionable. Paralelamente, el racismo emerge como mecanismo de exclusión, desacreditando a quienes demandan transformaciones y reduciendo la política a un terreno de estigmatización antes que de deliberación.
La convergencia de captura estatal, subordinación política y manipulación discursiva configura un escenario de alta fragilidad democrática. El país no solo enfrenta una crisis de representación, sino una pérdida progresiva de legitimidad del sistema. Si esta tendencia persiste, el Perú no se dirige a una simple inestabilidad, sino a un punto de quiebre donde la democracia podría quedar severamente comprometida.






