Segunda Vuelta 2026: El Ocaso Del Fujimorismo Y La Reivindicación De Las Mayorías Excluidas


Los resultados de la primera vuelta presidencial de 2026 han configurado mucho más que una competencia electoral entre Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. Lo que realmente está en juego es el choque entre dos visiones antagónicas del país: una asociada al continuismo político, la confrontación y el discurso del miedo; y otra que emerge desde las regiones históricamente excluidas, reclamando representación, dignidad y participación real. Keiko Fujimori vuelve a llegar a una definición presidencial apelando a las mismas estrategias que marcaron sus campañas anteriores: el “terruqueo”, la polarización y el temor económico. Sin embargo, el desgaste de ese libreto parece cada vez más evidente frente a un electorado cansado de la crisis política permanente y de una narrativa basada en dividir al país entre “buenos” y “malos”.
La aparición de Roberto Sánchez en esta segunda vuelta confirma, además, que el llamado “Perú profundo” no ha desaparecido políticamente tras la experiencia de Pedro Castillo. Por el contrario, las zonas rurales, andinas y periféricas continúan expresando un profundo rechazo hacia las élites tradicionales y hacia un sistema que sienten lejano y excluyente. Sánchez capitaliza ese sentimiento colectivo de abandono histórico y se convierte en el vehículo político de millones de ciudadanos que demandan inclusión, descentralización y oportunidades reales. El mensaje de las urnas parece contundente: las mayorías populares ya no están dispuestas a aceptar que las decisiones nacionales sigan concentradas únicamente en pequeños grupos de poder económico y político.
En ese escenario, una eventual cuarta derrota consecutiva de Keiko Fujimori podría representar mucho más que un revés electoral: podría simbolizar el inicio del ocaso definitivo del fujimorismo como fuerza dominante en la política peruana. El país evidencia señales claras de agotamiento frente a la obstrucción política, la confrontación constante y el uso del miedo como herramienta electoral. Aunque un eventual gobierno de Roberto Sánchez enfrentaría enormes desafíos de gobernabilidad y resistencia desde ciertos sectores del poder, también podría abrir una nueva etapa marcada por la reivindicación de sectores históricamente invisibilizados. La elección de 2026 podría quedar registrada como el momento en que el Perú decidió cerrar uno de los ciclos políticos más polarizantes de su historia reciente.






